jueves, 5 de agosto de 2010

9


La mujer del Pollero vuelve sola al cabo de unos instantes, yo ya tengo un cojín sobre la entrepierna para cubrir una embarazosa erección mientras el Pollero juega con el mando de la tele con el gesto abstraído del que se encuentra con la cabeza a muchos kilómetros de allí.
- ¿Entonces traigo unas cervezas, cari? -le pregunta con devoción a su esposo-.
- Venga, sí. Y parte un poco de jamón o algo, que tengo un hambre...¿le apetece picar algo? -dice volviéndose a mi con una profesionalidad digna de un actor de Hollywood-.
- Bueno, quizás sí, un poco, todavía no habíamos cenado. -respondo, y luego, dispuesto a demostrar que, para jeta la mía, añado- Mientras tanto podría enseñarme la colección de muñequitos de la que me estaba hablando.
- Ay mi Pepe que hombre -dice riendo la mujer poniendo los ojos en blanco- A todo el mundo le da la paliza con los muñequitos del garaje. Mira que le tengo dicho que eso son cosas de críos, y nada, no se lo quito de la cabeza...
- Es una idea cojonuda -exclama el Pollero poniéndose en pie como si le hubiesen apretado algún resorte-. Vamos, no tardaremos nada.
En ese momento he olvidado por completo a Ojos Azules, al que en un campo muy alejado de mi atención escucho hablar con alguien por teléfono en la habitación de al lado. Me levanto y sigo a mi anfitrión al jardín, mientras escucho a su esposa chillar como un ratoncito:
- ¡Pero no entretengas mucho rato al señor, caariiii, que tendrá cosas que hacer! ¡Que en un plisplas lo tengo listoooo!
Apenas cierra la puerta tras de si, me agarra el culo con las dos manos y me atrae hacia si para que note el bulto cálido de su entrepierna ahí abajo.
- ¿Haces esto a menudo? -jadeo logrando que sus labios se rocen con los míos a tan escasa distancia-.
- Nunca. Me has puesto como una moto, cabrón.
Practicamente corremos rodeando la casa para llegar al cobertizo de tablas que la mujer ha llamado el garaje. Al pasar ante un ventanal, veo a Ojos Azules hablando por teléfono. Por un momento frunce el entrecejo como si nos hubiese visto ahí fuera, luego se da media vuelta y sigue hablando de cara a la pared. No me puedo entretener demasiado pensando si ha reparado en nosotros y lo que puede pensar al respecto porque el Pollero literalmente me empuja al interior del cobertizo de un empujón, sin molestarse en dar las luces.
No hablamos demasiado: me mete la lengua en la boca con violencia, hasta hacerme sentir arder la piel del rostro con el roce de su barba de tres días, mientras ahí abajo sus manos forcejean con mis pantalones con la habilidad de quien lleva tiempo haciéndolo. En unos segundos tengo sus dedos alrededor de mi polla y una corriente de aire frio haciendome temblar las nalgas.
Se agacha un instante y lame un momento la punta de mi miembro como si pensase empezar a chupármela, pero en su lugar vuelve a levantarse, me da la vuelta sin miramientos y pone la mano en el centro de mi espalda, haciendo que me recline sobre una mesa llena de herramientas.
Antes de que me entere de lo que está pasando, siento dos dedos ensalivados meterse por las bravas en mi ano, lo cual me arranca un grito de sorpresa y de dolor. No es que me importe tomar una posición u otra en estas lides, pero mi sensible puerta trasera suele requerir delicadeza y cautela a la hora de permitir el acceso a las instalaciones. Al recordar las dimensiones del rabo del Pollero, noto un sudor frío mojándome la espalda. Me remuevo intentando liberarme, pero se echa sobre mi, reteniéndome bajo su peso. Noto su respiración entrecortada en la nuca y también su olor, un aroma profundo y masculino que me excita aún más a pesar del destrozo que esos dos dedos parecen estar haciendo en mi retaguardia. Con la mano que le queda libre me la menea un momento, pienso que más que nada para comprobar el estado de mi calentón, y emite una risita gutural:
- Pero si estás cachondo como una perra, te está encantando. Pues si esto te gustó, verás lo que viene ahora.
Los dedos abandonan el lugar que ocupaban dejando una momentánea sensación de alivio, después algo más caliente y mucho más grueso ocupa su lugar, haciéndome soltar un chillido más agudo que el anterior. El Pollero me tapa la boca primero y luego me deja chuparle los dedos, podrís afirmar casi con toda seguridad que se trata de los mismos que antes han estado de visita ahí atrás. Permanece unos segundos sin moverse, después empieza a follarme en profundidad, arrancándome un pequeño gemido cada vez. Solo que ahora las resistencias en mi interior han cedido, y algo parece estar fundiéndose dentro de mis tripas...
"Más fuerte" alcanzo a susurrar y se me cae un poco la baba al hacerlo de puro gusto que me está dando. Esto le da alas, me sujeta las caderas con firmeza y bombea rápido y enérgicamente, espero que el garage esté insonorizado porque con esos rugidos de placer hasta su inocente esposa va a darse cuenta de que me está enseñando algo más que su colección de Madelman...
Supongo que el temor a ser descubiertos precipita el desenlace, apenas un minuto o dos a lo sumo de haber empezado, noto un estremecimiento en todo su cuerpo y empieza a correrse con un grito que no tiene nada de ahogado. Yo apenas tengo que tocarme la polla, estoy tan excitado que no hago más que rozarla un par de veces con mis dedos y tengo un corridón de campeonato, el mundo se me oscurece un segundo y siento que las piernas se me doblan de la intensidad del orgasmo que me sacude.
El Pollero se desploma encima mio y queda ahí, recuperando el resuello, hasta que noto su miembro caliente y pegajoso deslizarse fuera de mi.
- Vamos, que van a calentarse las cervezas -dice riendo-.
No creo que hayamos tardado ni diez minutos en completar ese polvo de campeonato, pero cuando volvemos al salón Ojos Azules está sentado en el sofá con cara de circunstancias, y la mujer ha dispuesto en una mesita baja tres botellines de cerveza, unos trozos de pan y un plato de jamón serrano. Al vernos entrar lanza una risa que es más un cacareo.
- Ayyyy -le dice a Ojos Azules- pero que cara de aburrimiento trae su amigo. Le habré dicho a Pepe mil veces que se deje de muñequitos, que eso solo le interesa a él y a los niños pero no le entra en la cabeza. Que lo tiene muy bonito puesto, pero eso no le gusta a todo el mundo, no.
- Si quiere echarle un vistazo... -le dice el tio jeta a Ojos Azules lográndome hacer dilatar las pupilas, no solo por el morro que le echa a la vida sino por la pura incredulidad de tener ganas de echar otro polvo después de lo que acabamos de pasar ahí detrás-Lo tengo chulo de cojones.
Ojos Azules en su lugar menea la cabeza, me contempla de soslayo un momento y le dice a la mujer:
- Me ha dicho la guardia civil que en diez minutos estarán aquí, no vamos a molestarles mucho. Les diremos donde se nos ha metido el coche y luego ellos no sé lo que harán...
De pronto la idea de que la guardia civil me lleve al área a recoger la furgo no me hace mucha gracia, porque no les hará falta ser muy espabilados para saber porqué está allí ahí aparcada, y luego deducir en busca de qué andábamos Ojos Azules y yo conduciendo por esas carreteras secundarias. Me pregunto si él habrá pensado en eso o si la inexperiencia que dice tener en el tema no le habrá permitido tener la suficiente perspectiva del asunto. Tampoco resultaría muy normal de cara a la inocente esposa que yo rehusase irme con "mi amigo" y pidiese por ejemplo hospedaje para esa noche allí o en algún hostal del pueblo, porque eso desmontaría un poco la historia que su marido le había contado...y no quiero causarle problemas al Pollero más que nada porque lo del garage tengo que repetirlo sin dejar pasar mucho tiempo para hacerlo, y no me gustaría que un malentendido entre nosotros fastidiase todos esos maravillosos polvos por venir.
¿Como he llegado a estar justo donde estoy ahora?


4 comentarios:

  1. Esto ha subido de temperatura, aquí te has soltado el moño y has desplegado toda tu pornoimaginación, muy bien, ya lo estaba esperando.
    El lio del pollero en el cobertizo ha logrado izarme hasta los pelos, no me extraña que le queden ganas de repetirlo.

    Besos

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  2. Así que me solté el moño... Pues me alegro de haberte logrado izar algo, pelos incluidos, jaja.
    Un saludo,

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  3. Bueno bueno bueno....pero qué descubrimiento, caballero!! No puedo más que agradecerte sonora y rotundamente que me dejaras los comentarios porque así he podido conocer tu(s) espacio(s) y desde ayer me tienes leyéndote y disfrutando de cada relato y cada reflexión. Qué bien escribes, hijo mío. Que sepas que cuentas desde ya con un fan total e incondicional (pero de los buenos, de fotos en carpeta, nombre pintado en la frente y chillidos histéricos en el aeropuerto cuando estés de tourné). Estoy por convocar a mis Lennon-redactores para hacerte un vídeo homenaje y todo...

    Y mira que no soy demasiado partidario de los relatos eróticos porque suelen ser muy básicos y/o muy zafios. Pero es que lo tuyo es puro arte, shikiyo...

    Ojalá algún día continúes el "AMOR, AMOR, AMOR", aunque tenga ya tres años. Claro, para mí ha sido nuevo, jeje. Vaya exquisitez bien narrada, qué buen uso del lenguaje y de los tiempos, qué romanticismo tan poco meloso...qué bueno todo.

    Y perdone Ud. la longitud del comentario. Es que los fans (incondicionales) somos así(n).

    Un abrazo.

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  4. Muchas gracias por tus palabras, hombre. Yo también disfruté un montón con tu forma de escribir, me resultó creativa y brillante. Y muy divertida también, jaja.
    En cuanto al "Amor, amor, amor", lo terminé en su momento pero me faltaron ganas para transcribirlo del "soporte papel" al informático. Le tengo especial cariño a esa historia, me gusta que a la gente le guste y por ello te agradezco mucho -de nuevo- el tiempo que le dedicaste...
    Otro abrazo para ti.

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