martes, 17 de agosto de 2010

12


No diré que duermo de un tirón, me despierto unas cuantas veces durante las cuales voy llevando a cabo un lento y delicado proceso de acomodación para que el organismo de Ojos Azules encaje con el mio evitando los huesos que se clavan en según qué sitios, la sombra de barba que me empieza a picar en el hombro cuando lleva un rato sobre mi piel, y esos músculos que insospechadamente se duermen y luego entran en fase de contracción dolorosa haciéndome jurar en silencio. No sé si él se despierta a ratos también con las mismas sensaciones o el estar encima le hace las cosas más llevaderas, pero cada vez que he abierto los ojos parece dormido del todo, respirando de esa forma lenta y profunda habitual en los que están así, muy dormidos. Voy a defenderme diciendo que siempre me ha inspirado mucho respeto el sueño ajeno y por eso, no por otra cosa, transcurro los breves ratos que paso de vigilia paralizado para no despertarle, a pesar de los calambres y demás, porque de alguna forma...no sé, me resulta tan...inocente y desvalido así, dormido entre mis brazos, que consigue hacer nacer en mi algo muy parecido a eso, a la ternura de la que vengo huyendo desde que le conozco. Pero se trata de una ternura inofensiva, me digo en el silencio absoluto que nos rodea, es una ternura como la que se siente al ver un gatito pequeño abandonado, un pollo saliendo del cascarón o una perra amamantando una docena de cachorros, esa que nos provocan las cosas pequeñas y hermosas que a la vez nos resultan indefensas ante el mundo. No veo ahí nada más, solo un deseo de protección, y mañana cuando me duela todo después de una noche de perros y él esté despierto, le maldeciré y me iré a por la furgo aunque sea haciendo autostop con la sana intención de no volver a cruzarme en su camino.

Pero llega la mañana, y cuando abro los ojos él ya los tiene abiertos y me mira con una leve sonrisa. El sol entra por la ventana que hay justo sobre nosotros y puedo ver su luz sostenerse en el borde de sus pestañas
No digo nada cuando se inclina y me besa despacio, nada más pongo mis manos sobre su espalda y las dejo deslizarse por allí hasta el borde de sus nalgas. Le siento suspirar un poco, vuelve a mirarme como si tuviera que cerciorarse de que sigo ahí y vuelve a besarme, esta vez con más intensidad, y me descubro respondiéndole, abrazándole ahora con más fuerza, forcejeando con la ropa que llevo puesta desde hace dos días ya, consiguiendo solamente hacernos caer juntos al suelo.
El se ríe, yo sonrio nada más porque ahora que nos hemos puesto en marcha no hay nada en este mundo que me vaya a hacer parar. Le desabrocho el pantalón y levanta las caderas del suelo para que yo pueda tirar de él hacia los tobillos. En el tirón me llevo también su ropa interior y en un momento le tengo desnudo ante mi, espléndido y hermoso bajo esa clara luz del día. El corazón parece que me va a estallar en el pecho, emocionado como si fuera la primera vez que voy a echar un polvo, y bien sabe Dios que no es así ni muchísimo menos, pero por alguna extraña razón, este es especial.
"Si ni siquiera sabes como se llama", dice la vocecita de la razón desde algún lugar lejano en el interior de mi cabeza. "Y que cojones importa eso ahora" me pregunto yo mientras Ojos Azules y yo rodamos por la alfombra enroscados comiéndonos la boca con auténtica desesperación, perdidas de momento las formas recatadas y románticas. Tengo la polla a punto de explotar, y cada vez que se encuentra con la suya siento tal convulsión testicular que empiezo a pensar si este tipo no habrá descubierto mi hasta ahora desconocida faceta de eyaculador precoz.
"Esto va a ir más deprisa de lo que tenía pensado" le digo con la voz ahogada del que tiene serios problemas respiratorios, lo cual le vuelve a provocar un golpe de risa que me desconcierta pero también me gusta. No me doy cuenta de hasta que punto mis palabras resultan premonitorias hasta que le doy la vuelta y me echo sobre él colocando mi miembro en la raja de su trasero, apenas lo pongo allí y él eleva las caderas contra mi para incrementar el contacto, noto como algo entra en estado de fusión ahí abajo, empiezo a emitir un gemido largo y sin apenas moverme empiezo a correrme sobre el culo de Ojos Azules. No una corrida cualquiera, estoy hablando de La Corrida de mi vida, La Reina de Todas las Corridas.
"Oooh, Diooos" gimo casi inconsciente del placer que estoy sintiendo y totalmente abochornado por lo que además de ser la Corrida con mayúsculas, también es el polvo más corto de mi existencia, un polvo conejero que en otras circunstancias sería la mancha más negra de mi expediente, pero que en aquella ocasión se queda en una calificación de "Progresa Adecuadamente" porque, para mi sorpresa, Ojos Azules también se ha corrido espectacularmente sobre la alfombra.
Caigo a su lado y quedamos durante un rato los dos jadeantes mirando las vigas de madera del techo de su salón. Al recuperar un poco el aliento es cuando trato de decirle:
-...a mi nunca me ha pasado algo como...
- ...a mi tampoco -ataja él resoplando, me mira de reojo y se echa a reir, espero que no de mi- Voy a preparar algo de desayuno, ¿quieres?
La verdad es que en este momento soy incapaz de elaborar pensamientos coherentes, no me conozco a mi mismo, me veo desde fuera y llego a la conclusión de que no soy yo, o que esto es una especie de sueño y voy a despertarme en cualquier momento recuperando a la persona que y solía ser habitualmente. Entre tanto, mientras suena el despertador quiero decir, supongo que no pasa nada porque le siga la corriente a mi subconsciente onírico, así que contesto:
- Genial. Estoy muerto de hambre.
Eso satisface a mi anfitrión, que se levanta de un salto y se va con su culo perfecto en dirección al rincón que supuse en un primer momento la cocina y empieza a cacharrear. En un tiempo que me parece a la vez muy escaso y tremendamente largo, vuelve con una bandeja llena de pan tostado, dos tazas llenas de café y una jarrita de leche.
- También hay azúcar y mantequilla. Lamento no tener nada más sofisticado...
- Esta estupendo tal cual. Tomaré un poco de esa mantequilla, vale.
Desayunamos un rato los dos sin hablar, mascando silenciosamente, supongo que ambos meditando mientras comemos acerca de la situación que tenemos entre manos aunque de muy distinta manera. Yo, por ejemplo, apenas me permito planear mucho más allá de la siguiente tostada, me siento hambriento de una forma casi desesperada, y el atender a las funciones básicas de mi organismo desplaza por un momento de mi centro de atención todo tipo de elucubraciones. Tanto es así que tardo un tiempo no determinado en darme cuenta de que él ha dejado de comer y vuelve a observarme de esa forma que me va a terminar por poner de mala hostia.
- Que pasa, nunca has visto a nadie comer pan con mantequilla.
- Me gusta verte comer, disfrutas de lo lindo -responde con su sempiterna sonrisa-.
- Pues a mi me jode que me miren comer -le replico con la boca llena- ¿No tienes nada que hacer en la cocina este rato?
- Vale. Voy a echar de comer a las gallinas mientras terminas.
Desaparece escaleras abajo y me deja allí solo, pero ya parece que empiezo a estar saciado, termino la taza de un trago y caigo de espaldas de nuevo, con la barriga llena como una sanguijuela y cierta sensación nerviosa que solo puedo definir como...expectación, quizás...esperando que él acabe de una jodida vez con las cluecas y vuelva otra vez a mi lado.
Cuando por fin lo hace es gateando sobre mi con una expresión juguetona en el rostro.
- ¿Que te parece si ahora intentamos repetir lo de antes pero un poco más...lento...?
Le miro con incredulidad porque no puedo concebir que sea real el hecho que acaba de aparecer ante mi con la misma claridad con la que contemplo su hermoso rostro, la fatídica evidencia...
No, no puedo creerlo.
Estoy enamorado...

2 comentarios:

  1. "puedo ver su luz sostenerse en el borde de sus pestañas" Maravilloso.

    Mr. un-angel, me sigue dejando Ud. asombrado y entusiasmado con su estilo sencillo pero a la vez elaborado, el uso tan cuidado del lenguaje y la perfecta y tan difícil combinación entre hot-ismo y delicadeza. Eso no lo consigue cualquiera. Escribe (Ud.) los textos con la precisión de un cirujano y el alma de un poeta. Es la leche, vaya, y perdone el recurso lácteo tan fácil, dadas las circunstancias :-)

    Iba a comentar los dos últimos, pero lo haré solo en este porque me veo repitiendo prácticamente lo mismo, porque la sensación es idéntica. La historia es buena, pero la manera de narrarla es sencillamente magistral.

    Fan, pero fan.

    Un besote con doble reverencia incorporada.

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  2. Muchas gracias por tus palabras, recursos lácteos incluidos, jaja, y como siempre por tu tiempo. Un abrazo, y ¡¡¡feliz retorno!!!

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